La tensión política y judicial entre Estados Unidos y Venezuela ha alcanzado un nuevo y delicado punto de inflexión. Según reveló el diario español ABC, la administración de Donald Trump ha formalizado una exigencia directa al gobierno de transición en Caracas, específicamente en manos de la vicepresidenta Delcy Rodríguez. La petición, que ha cimbrado los cimientos del ya frágil equilibrio político venezolano, no es menor: Washington solicita la entrega y cooperación judicial para procesar a nueve altos funcionarios del chavismo, entre los que destacan Nicolás Maduro Guerra, conocido popularmente como «Nicolasito», y el polémico empresario Alex Saab .
Esta solicitud, que fuentes diplomáticas describen como una de las más apremiantes de los últimos años, busca desarticular lo que la justicia estadounidense considera el núcleo duro de una estructura de narcotráfico, corrupción y lavado de dinero que operaría desde el corazón del régimen. La lista negra entregada a Delcy Rodríguez incluye nombres de alto perfil que han sido objeto de recompensas y acusaciones por parte de la DEA y el Departamento del Tesoro durante más de una década.
Los nueve nombres en la mira de Washington
La exigencia de la Casa Blanca se centra en la cooperación plena para el avance de las investigaciones. La lista, meticulosamente detallada en el pliego entregado a la encargada del régimen, incluye a :
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Nicolás Maduro Guerra («Nicolasito»): Hijo del líder revolucionario, es señalado por su presunta participación en el entramado de corrupción que desvía fondos de la estatal PDVSA y por sus vínculos con el narcotráfico internacional.
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Alex Saab: Empresario colombiano, considerado la «alcancía» del régimen. Su conocimiento del entramado financiero internacional y sus presuntos roles como testaferro lo convierten en una pieza clave para los fiscales de Miami y Nueva York.
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Tareck El Aissami: Exvicepresidente y exministro de Petróleo, actualmente detenido en Venezuela por una trama de corrupción, pero requerido por EE.UU. por narcotráfico.
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Samark López Bello: Empresario y presunto testaferro de El Aissami, también bajo custodia en Venezuela.
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Raúl Gorrín: Dueño del canal Globovisión y banquero, acusado en EE.UU. de pagar sobornos millonarios a cambio de operaciones cambiarias ilegales.
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Walter Jacob Gavidia Flores: Hijastro de Nicolás Maduro, sancionado por el Tesoro de EE.UU. por su rol en la corrupción en los puertos y contratos públicos.
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Pedro Luis Martín Olivares: Exjefe de la inteligencia venezolana, imputado en cortes federales de EE.UU. por narcotráfico.
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Otros dos altos cargos: Cuyos nombres no han sido revelados para no entorpecer las investigaciones en curso, pero que ocuparían posiciones clave en la logística de envío de droga desde el Caribe.
El dilema constitucional y las alternativas jurídicas
La petición de Washington enfrenta un obstáculo legal de primera magnitud: la Constitución de Venezuela prohíbe explícitamente la extradición de nacionales. Este blindaje jurídico, que durante años ha sido el escudo del chavismo para evitar que sus figuras sean juzgadas en el extranjero, obliga ahora a las partes a buscar intrincadas alternativas legales .
Fuentes cercanas a las negociaciones indican que la administración Trump no busca una «extradición» formal, sino una «cooperación jurisdiccional» sin precedentes. Esto implicaría que el propio Estado venezolano procese a los acusados por delitos cometidos en el extranjero o, en una figura mucho más polémica, que se utilice la «expulsión» del territorio nacional como mecanismo para ponerlos a disposición de las autoridades estadounidenses.
Esta maniobra diplomática cobra fuerza tras la captura de Nicolás Maduro en Caracas el pasado 3 de enero de 2026 y su posterior traslado a Nueva York para ser procesado. El éxito de esa operación habría abierto la puerta a que Washington presione ahora por el resto del organigrama.
Delcy Rodríguez en la encrucijada
La vicepresidenta Delcy Rodríguez se encuentra, quizás, ante la prueba más compleja de su carrera política. Por un lado, debe manejar las presiones internas de un chavismo fracturado, donde entregar a «Nicolasito» o a Alex Saab podría ser visto como una traición suprema. Por otro lado, la presión internacional es inmensa, especialmente después de la visita relámpago a Caracas del jefe del Comando Sur de EE.UU., el general Francis L. Donovan, quien se reunió con ella, con Diosdado Cabello y con Vladimir Padrino para fortalecer la cooperación bilateral en la lucha contra el narcotráfico .
El silencio oficial desde Miraflores es ensordecedor, pero los movimientos en las sombras son frenéticos. Fuentes judiciales venezolanas consultadas por ABC de España confirman que ya se han establecido canales de comunicación discretos para evaluar la viabilidad de las solicitudes. La posibilidad de acceder a la información financiera de los señalados, facilitar entrevistas con testigos y permitir la supervisión de equipos de investigación estadounidenses sobre el terreno está sobre la mesa.
Reacciones y el futuro de la cooperación
La noticia ha provocado un terremoto político. Sectores de la oposición venezolana, históricamente críticos de la gestión de Delcy Rodríguez, observan con cautela pero sin ocultar su esperanza de que la cooperación lleve a una justicia largamente postergada. «Si el gobierno de transición realmente quiere demostrar su compromiso con el cambio, este es el momento de entregar a los narcotraficantes que visten de funcionarios», declaró un diputado opositor bajo condición de anonimato.
Mientras tanto, en las redes sociales y en los pasillos del poder en Washington, la exigencia se ha viralizado con un claro mensaje: la «cabeza de Nicolasito» y de los otros ocho jerarcas no es solo un capricho político, sino una condición indispensable para la normalización de las relaciones bilaterales y el levantamiento de las sanciones económicas que asfixian al país.
La pelota está ahora en el tejado de Delcy Rodríguez. Su respuesta definirá no solo el futuro de los nueve señalados, sino el rumbo de un país que observa, entre la esperanza y la incredulidad, cómo la justicia internacional llama a las puertas de quienes por años se creyeron intocables.










