Las «7 hermanas» de la industria petrolera, un término acuñado por Enrico Mattei en la década de 1950, se referían a un grupo de siete empresas petroleras que dominaron la producción y distribución de petróleo en todo el mundo durante buena parte del siglo XX. Estas empresas fueron Standard Oil of New Jersey (Esso), Anglo Iranian Oil Company (AIOC), Standard Oil of New York (Socony), Gulf Oil, Standard Oil of California (Socal), Texaco y Royal Dutch Shell.
Hoy en día, solo dos de estos nombres siguen siendo familiares: Royal Dutch Shell y Texaco, aunque bajo otros nombres. Sin embargo, durante décadas, estas compañías controlaron gran parte de la producción y reservas petroleras del mundo.
Incluso en países como Venezuela, donde operaron durante décadas, muchos de sus habitantes podrían tener dificultades para asociarlas con los orígenes de la industria nacional de los hidrocarburos, ya que cada una operaba bajo una denominación diferente.
«La filial en el país de la Standard Oil de New Jersey se llamaba Creole Petroleum Corporation, y la de Gulf Oil era la Mene Grande», recuerda el experto petrolero venezolano José Toro Hardy.
Sin embargo, el nombre colectivo con el que se conoció a todas ellas, «Las Siete Hermanas», permanece en la memoria de los venezolanos, especialmente de aquellos que superan los 50 años.
Origen del término «Las Siete Hermanas»
El nombre «Las Siete Hermanas» fue dado a estas enormes empresas transnacionales por Enrico Mattei, el jefe de la petrolera estatal italiana ENI. Mattei eligió este nombre para describir a estas grandes petroleras que monopolizaban la producción de petróleo fuera de EE. UU. y de la Unión Soviética y operaban como oligopolio.
«El nombre podría ser un guiño a lo clásico», dice el historiador venezolano Rafael Arráiz Lucca. «Mattei podría haberse inspirado en el mito griego de las Pléyades, las siete hermanas ninfas que terminaron convertidas en estrellas.»
«También es importante recordar que tres de esas siete empresas fueron consecuencia de la prohibición antitrust (antimonopolio) vigente en Estados Unidos, que obligó a John D. Rockefeller a aceptar que su Standard Oil fuera dividida en varias compañías más pequeñas».
En 1911, la Corte Suprema de EE. UU. declaró que la Standard Oil era un monopolio y la declaró ilegal, por lo que el emporio de Rockefeller fue desmembrado en 39 empresas.
Las dos otras hermanas eran europeas: la Anglo-Iranian Oil Company, que hoy es British Petroleum o BP, de Reino Unido; y Shell, que era anglo-neerlandesa.
A lo anterior hay que sumarle el hecho de que las firmas en un momento determinado dejaron de ser competidoras para aliarse, lo cual explicaría por qué han pasado a la historia como un cartel.
«Estas empresas tenían concesiones en Venezuela, en los países del Golfo (Pérsico/Arábigo), Libia e Indonesia, y estas concesiones les permitían decidir todo, como la tecnología utilizada, la cantidad de petróleo que se iba a producir y el precio al que se iba a vender».
«Lo único que dejaban a los países donde estaban los yacimientos de petróleo eran los impuestos, aunque a veces el régimen tributario no era tampoco algo soberano».
Para 1970, las «Siete Hermanas» producían alrededor del 80% del petróleo que se vendía en el mundo, sin contar EE. UU. y la extinta URSS; y controlaban el 85% de las reservas.

Las «Siete Hermanas» dominaron la producción petrolera mundial durante décadas.
El nacimiento del cartel
El comportamiento que daría pie al término de las «Siete Hermanas» comenzó a finales de agosto de 1928 en una reunión celebrada en el castillo de Achnacarry (Reino Unido).
En la propiedad situada en las famosas tierras altas escocesas se dieron cita Henri Deterding, entonces director de Shell; Walter Teagle, presidente de Standard Oil de New Jersey; y John Cadman, de la Anglo-Persian.
Los empresarios acordaron frenar la competencia que hasta entonces mantenían por yacimientos y mercados, y pactaron un sistema de cuotas de producción para mantener los precios estables o al alza.
«El Acuerdo de Achnacarry permaneció en secreto hasta 1952, cuando fue expuesto ante la Comisión Federal de Comercio de EE. UU.».

El poder de las petroleras en las primeras décadas del siglo XX fue tal que podían influir en gobiernos e incluso enfrentarlos.
El refugio caribeño
A principios del siglo XX, el hallazgo de yacimientos petroleros en Venezuela atrajo a las «Siete Hermanas» al país caribeño.
«La Shell es la pionera de la industria petrolera venezolana, la primera en llegar y la que explota el pozo Zumaque 1 en 1914», explicó Arráiz Lucca.
«La mayoría de las refinerías que hay en Venezuela las construyeron las concesionarias. Después de la nacionalización (1976) se hicieron trabajos de modernización o ampliación, pero la infraestructura esencial fue hecha por las concesionarias extranjeras».

Pero como nada es eterno, el poder de las «Siete Hermanas» comenzó a decaer en la década de 1960 por dos factores: la fundación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y las nacionalizaciones en Venezuela y en los países del Golfo Pérsico/Arábigo.
¿Al rescate de su heredera?
Con la nacionalización del petróleo de 1976, las «Siete Hermanas» perdieron oficialmente el grueso de su mercado en Venezuela.
«En la Apertura se comprometieron inversiones por US$65.000 millones que, de haberse cumplido, habrían llevado la producción petrolera de Venezuela a los cinco millones de barriles diarios para 2005», afirmó Toro Hardy.
«Venezuela fue siempre considerada como el abastecedor de petróleo más seguro y confiable que había en los mercados petroleros».

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